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Transamérica

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Por Tomás Sala

Año tras año, surge en Hollywood alguna película que es la base para destacar una gran composición, un personaje que puede ser entrañable o bien un asesino serial, como la prostituta de Charlize Theron en Monster. En este caso, Felicity Huffman hace una actuación tan profunda como conmovedora, tan histriónica como querible, y eso es lo que resalta en el film, y lo que le permite tener cierto valor, aparte del empujón que otorga una nominación al Oscar como mejor Actriz, más que merecida en este caso. Eso es Transamérica, una película chiquita, al estilo road movie, con toda la transformación psicológica de los personajes centrales en el medio.
Felicity (la ama de casa desesperada que aquí interpreta Mercedes Morán) es Bree, un transexual al que solo le falta la operación de sus miembros para sentirse completamente una mujer. En base a variadas hormonas y a una coquetería de señorita inglesa, Bree pasa por todas las pruebas psicológicas para analizar si está preparada para el cambio definitivo. Pero a último momento, un hijo se entromete en sus planes. Uno que no conocía, claro, producto de alguna relación “casi lésbica”, según declara Bree, sobre ese entonces en el que era Stanley. Bree lo saca de la cárcel y descubre al típico joven conflictuado (Ken Zegers), perdido entre las drogas y las incertidumbres. En el camino habrá tiempo para develar algunos secretos un tanto delicados y el más importante aún: que el joven no sabe que ese transexual es su padre.
Duncan Tucker maneja los hilos de un modo menos dramático y más dinámico, y la película roza la comedia, mostrando que por más trabas que haya, uno pude intentar cumplir su sueño y ser un poquito más feliz. Para sellar el final, las alegres melodías de Dolly Parton, y un dejo de simpleza en esta historia simple y concisa.