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Historias de Familia

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LEE LA CRITICA DE ESTA PELICULA (clic para ampliar)
Por Martín Giacone

Un matrimonio de escritores se está separando, todo según la mirada del hijo mayor, que tiene a su padre como ídolo y a su madre como perra, y comparte con su hermano los maltratos de las partes. Son progresistas, y el film los ubica en la Nueva York de 1986. No es un buen año para los progresistas, aunque ya se acostumbraron a la reaganomics que les impuso Ronald, a esta altura en su segundo mandato. Es el tiempo de Nueves semanas y media, los yuppies mandan.
En ese afuera tan poco amigable, la mirada se vuelve sobre ellos mismos, y lo que ven no les gusta. Reconocerlo los llevaría a revisar sus años pasados más de lo que son capaces de soportar; han luchado por un mundo mejor y tienen a Reagan y su guerra de las galaxias en el poder. Así que mejor seguir con el cuentito, aunque esta vez el enemigo es el cónyuge y el arma de lucha: los hijos.
Es el centro de la película: mostrar cómo esos padres, tan reconocidos hacia fuera, tan probos en su pensar y accionar político, tan comprometidos con su tiempo y sus cambios, ahora les dicen y les hacen cosas a sus hijos que en sus tiempos jóvenes ni el más cínico se atrevería a haber pronosticado. Contra eso los pibes hacen lo que pueden. Y sufren mucho, aunque no al estilo de Kramer vs. Kramer, en la que la culpa de los progenitores más que a tener cierta piedad con ellos quería hacer creer que el divorcio era el peor y el principal causante de todos los males de este mundo. Acá no hay clemencia, pareciera que el film los pone en competencia por el podio de la brutalidad.
El desarrollo del film es el descubrimiento de esos padres, no muy distinto del descubrimiento de lo que es cualquier padre, tal vez el más duro de los descubrimiento. Noah Baumbach lleva su cometido con aptitud, no carga las tintas, permite que el chico haga su juego y que sea el juego el que lo lleve a ese final que desea pero que le cuesta mucho admitir: el dolor es demasiado.
Baumbach no pide permiso para poner la manzana en la cabeza y apuntar sobre ella. Lo hace directamente. Tal vez ése sea el camino.