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Buena Vida Delivery

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Por Fernando Varea

Como si fuera un personaje de Kafka o de Cortázar trasladado a la Argentina de los pagos en lecop y las masivas emigraciones a España, el joven protagonista de \"Buena Vida (delivery)\" , después de alquilar una habitación de su casa, va siendo cercado por una situación de abuso, con sus derechos avasallados y sin soluciones fáciles a la vista. El director debutante Leonardo Di Cesare narra esta historia tragicómica con sencillez, confiando en la precisión del guión y en la convincente labor de todos los intérpretes, desde el simpático Nacho Toselli como el atribulado Hernán, hasta los eficaces Gabriel Goity y Oscar Alegre en sus breves intervenciones. Sin cargar las tintas, imponiendo a su realización una elogiable mesura, Di Cesare permite que los síntomas de pobreza, injusticia y decadencia asomen indirectamente, con los travellings que acompañan a Hernán con su moto por calles suburbanas, con las actitudes de los distintos personajes ?algunos resignados, otros emprendedores aunque a costa de los demás?, con la sensación de estar transitando un callejón sin salida. Ciertamente sobrevalorada en el último Festival de Mar del Plata (donde ganó los premios a Mejor Película y Mejor Guión), y dejando demasiado sobreentendidas las causas de la crisis, esta tierna pero impiadosa visión de la Argentina reciente, tiene el mérito de recordarnos el estado de inseguridad y desorientación moral que llegamos a vivir los argentinos hace unos tres años, ayudándonos a digerir el mal trago con una sonrisa.