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Ararat

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Por Elbio Córdoba

Dir.Atom Egoyan

La percepción, el registro de imágenes para retener la vida, la tarea de dejar huellas, el deseo de mirar a quien mira, la necesidad de ser recordado, el punto de vista propio y el punto de vista ajeno. La película de Egoyan es una historia de fantasmas y generaciones que atrapa desde el principio.
El director de \"El viaje de Felicia\", que propone rechazar el Modelo de Representación Institucional de Hollywood y sus leyes repetidas en cada manual de guión y en cada librito de cada maestrito de realización audiovisual, está a favor de miradas nuevas y distintas, sucesivas y opuestas. Despliega sobre la mesa de trabajo del espectador a un pintor que pinta un cuadro, a un director que filma una película, a un joven que graba un video y a personajes de contexto que miran y son mirados. Todos pretenden, en vida y obra, dejar un registro propio e inédito de lo que han visto con sus ojos.
Egoyan opina que el ojo humano ve cosas que el ojo electrónico registra en una memoria o en una cinta y aunque después otros ojos no lo vean, allí queda un pedazo de vida. Que cada uno que haga lo que quiera con lo que ve si ver es hacerse responsable del mundo en que se vive. Un personaje cuenta que, después de ver el horror del exterminio de armenios en 1915, alguien dijo: \"¿Qué haré con mis ojos?\" Sería bueno preguntarnos nosotros, que vimos el horror de la desaparición de personas durante la dictadura, ¿Qué hicimos con nuestros ojos? Y hoy, que vemos injusticias varias y suponemos que nadie las va a castigar, seria bueno preguntarnos ¿Qué estamos haciendo con nuestros ojos?
Cada uno de los personajes de \"Ararat\" está preocupado por lo que alcanzan a ver sus ojos. El director por su película, el joven por su video, la madre por su tranquilidad, la joven por vengar la memoria de su padre. La madre, abstraída en lo suyo, cruza por delante de la cámara mientras se filma una escena de mucho dolor. El actor que interpreta al médico le recrimina: \"Acá hay gente muriendo. Estamos tratando de salvar a este chico para mantener un poco de esperanza. ¿Y vos? ¿Quien te creés que sos?\" Sería bueno preguntarnos también nosotros, que estamos preocupados por nuestras carreras, nuestro sueldito, nuestros semáforos en rojo mientras, aquí mismo, otros viven muy mal: ¿Quiénes nos creemos que somos?
Hay texturas de video, superficies de pinturas, artificios de film, distintos soportes para un mismo fin. Hay actuaciones muy sólidas. Hay una muy destacable dirección de arte y un complejo trabajo narrativo a modo de collage con flashbacks que recorren cada una de las subtramas. Hay, sobre todo, excelentes diálogos. \"Necesitan ser recordados\", dice un personaje para explicar porqué otros personajes miran a los ojos a la cámara. \"Todo es cuestión de tiempo\", dice un anciano el día que se jubila. \"No perdimos sólo vidas, perdimos también la posibilidad del recuerdo\", dice uno refiriéndose a la falta de registro de imágenes sobre el millón de armenios masacrados. \"No es tanto los muertos o las tierras, lo que más duele es que nos odien\", dice el cineasta encarnado por Charles Aznavour.
Una madre de hoy entrelaza su mano con la mano de una madre del pasado, proyectada en una diapositiva. Un turco de hoy expone su punto de vista frente al joven que no puede creer que alguien quiera olvidar, así como así. Y el mismo joven necesita apagar la luz para que lo que él imagina, se haga realidad.
Obra mayor. Otra de las diez mejores películas, lejos, de este 2003.-