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Tres de Corazones

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Por Tomás Sala

El taximetrista” es el cuento de Juan José Saer en el que se inspiró el realizador Sergio Renán, asiduo adaptador de autores contemporáneos brillantes como Benedetti (“La Tregua”, “Gracias por el fuego”) y Bioy Casares (“El sueño de los héroes”) para su última película, titulada “Tres de corazones”. Para ello, cuenta con un trío protagónico a cargo de un correcto Nicolás Cabré, una revelación sobria en Mónica Ayos y un soberbio pero también exacerbado Luis Luque, en uno de esos villanos a los que tantas veces supo sacarles brillo.
Cabré es Angel, un joven camionero que luego de un traspié laboral consigue puesto como remisero en la “pyme” mafiosa de Coria (Luque), conformada además de la remisería por un prostíbulo de pueblo, todo en las locaciones de San Luis. Ayos es Dora, ¿enfermera? sin trabajo que termina también en las redes de Coria, justamente en el prostíbulo, como una de las fuertes atracciones. Angel tiene un breve affair con Dora y, luego de no verse más, se encuentran como era de esperar, en el protíbulo donde Coria hace las presentaciones.
Pero el guión falla, porque “Tres de corazones” no es un relato sólido y atrapante, más bien una suma de escenas ya vistas en tantas historias románticas truncas (o no) de otros films, que no aporta nada nuevo al cine, a pesar de sus buenas intenciones. Y, al igual que Angel, la trama se muestra fria y poco expresiva, sin ahondar lo suficiente en los dramas de sus protagonistas. Técnica y formalmente cumple (la historia tiene un principio, desarrollo y final claros y concretos), pero, simplemente, no alcanza