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Rapido y furioso 3 : Reto Tokio

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Por Tomás Sala

Lo que tiene de interesante esta tercera entrega de Rápido y furioso es que todo está filmado en Tokio. Y eso es un acierto desde la dirección o desde la producción, vaya uno a saber, ya que, al menos, este filme permite sumergirse en ese trajín de vida que es la capital japonesa, repleta de habitantes, y también de “fierreros”, por reglas del guión, claro.
Un joven de unos improbables 18 años con serios problemas de conducta, de padres separados, es alejado del mundo yanki, lleno de fanáticos a las carreras, y enviado a Tokio bajo la tutela de su padre, para terminar la escuela. En ese preciso ámbito es donde comienza a entender que no todo está perdido en el nuevo territorio. Le bastan dos pasos dentro del aula para cruzar miradas con quién será su chica, no sin antes pasar por su actual novio, quien competirá por ella y por ese orgullo que parece darles ganar cada una de esas tremendas carreras, sumamente peligrosas, y también inverosímiles, aunque todos seamos conscientes de ello.
Reto en Tokio es un deleite para los fanáticos de este tipo de cine, y seguro saldrán conformes. Por mi parte, luego de reconocer ese mérito, puedo agregar que todas y cada una de las actuaciones son muy flojas, y estereotipadas. El chico y la chica lindos, el negro haciendo el papel de gracioso (y de víctima), los japoneses imponiendo su cara de mafiosos, y algún que otro “héroe” que siempre muere por el camino.
Un buen reto para algunos, y una mediocridad para otros. Cada uno sabe dónde se mete cuando va al cine.