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EN CARTÉL | CARTELERA DE CINE
El Juego del Miedo 2

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Por Martín Giacone

Saw II, como su predecesora, insiste una vez más en oprimir al espectador llevando a sus personajes a situaciones de violencia extrema, aunque en este caso el horror no provenga de las ingeniosas ideas de sus guionistas (como en la primera parte) sino de la mostración explícita de ese éxtasis de agresividad con una truculencia en el montaje reveladora de los orígenes videocliperos de su realizador, el desconocido Darren Lynn Bousman. Repite en el guión Leigh Whannell, ahora más preocupado por preparar adecuadamente la sorpresa final que por dotar a sus personajes de entereza dramática suficiente.
La secuela de Saw (tìtulo original) es, pues, un licuado de la primera parte, un film sin estilo propio que copia las ideas en la planificación, el montaje, el ritmo y la fotografía de la anterior sin importarle en lo más mínimo la capacidad crítica del espectador y su dinero invertido para acudir a la proyección de la película. Parece que ya nadie se preocupa por los indefensos (ante la publicidad, ante la distribución y ante la calidad misma de las películas) cuando son ellos los que agitan la taquilla cada fin de semana, pero un día alguien (o muchos) reflexionarán y dirán: ¿por qué tengo que ver la misma maldita película una y otra vez, pagando el mismo dinero por un servicio -el cine ha pasado de privilegio a servicio público, y ahora a mercancía barata- que ya me habìan brindado?. Porque si algo hay en Saw II son ganas de burlarse de la gente a base de repetir no las constantes de un subgénero o las pautas técnicas de un determinado modus operandi en la realización: en Saw II ese método no existe, Bousman no se rige ni por un criterio personal ni por unas determinadas influencias (las cuales, de uno u otro grado, podrían proporcionar ese aliento de autor a un director de estas características), sino que se limita a fotocopiar lo que James Wan había filmado en la primera parte.
Así, la cólera visual y el imaginario retorcido que salpica las imágenes de Saw II no tiene nada de propia, mientras la película de Wan hacía de sus referencias un sabroso pastel mezclando a Park Chan-Wook con David Fincher logrando un producto más que digno, sobresaliente en comparación con los films de terror que nos llegan cada semana desde el país del tío Sam. No en vano, la primera parte recaudó más de cien millones de dólares en Estados Unidos, dando la respuesta a los que ya se han preguntado por qué se ha hecho una secuela.
En cuanto al argumento, comentar al voleo que Whannell y Bousman (quien también aparece acreditado como co-guionista) se empeñan en continuar la senda de Cube encerrando a unos cuantos personajes (aquí arquetipos de una determinada clase social, posición moral o estereotipo sexual) en un lugar lleno de trampas mortales hasta que sólo quedan dos y se ven obligados a develar el enredado desenlace como si hubiesen descubierto la panacea, algo de lo que muy pocos cineastas pueden presumir.
Supongo que ya les quedarán pocas dudas con respecto a la valía de Saw II, que es ninguna, y sin embargo muchos de ustedes, cuando vean el cartel -censurado en USA- con los dos dedos mutilados y las uñas desgarradas correrán a hacer cola en los cines de su barrio. De todos modos, si lo que quieren es algo de que hablar ahí tienen \"La corporaciòn\", un film que suscita controversia por sus méritos y no tanto por la falta de los mismos.