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Cronica de una Fuga

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LEE LA CRITICA DE ESTA PELICULA (clic para ampliar)
Por Martín Giacone

En Crónica de una fuga el relato es apoyado por testimonios reales, el protagonista es Claudio Tamburrini (Rodrigo de la Serna), un jugador de fútbol del club Almagro que ha sido capturado por los militares y llevado a un espacio de tortura en el año 1977. Al no pertenecer a ningún partido de izquierda, ni siquiera a una agrupación política de su facultad, Claudio fue uno de los tantos capturados casuales del proceso. Sin embargo, Caetano hace hincapié en las causas de su captura: uno de los presos políticos lo señaló falsamente como perteneciente a un partido revolucionario para cubrir a sus compañeros aún libres y para suavizar su tortura. Es precisamente aquí, en torno a la figura del protagonista, donde radica la originalidad del film: Claudio representa una víctima del poder político, no sólo de la derecha, sino también de la izquierda. Lo bueno de la intención del director es que no toma partido por ninguno de los dos bandos, ubicando al espectador en una mirada crítica frente al proceso, pero negando una toma de posición partidista. La idea es denunciar el proceder usual de la política, en cualquiera de sus manifestaciones ideológicas.
El director se propone contar una historia muy chiquita, sin demasiadas ambiciones en cuanto a sus derivaciones concretas y logra con creces su cometido. Film sombrío y asfixiante gracias a una fotografía descolorida de Julián Apezteguía donde el atinado sello de Caetano lo convierte en un todo concreto y prolijo que captura la atención del espectador. Esto gracias al montaje que explota al máximo las escenas de tensión y también al buen manejo de cámaras. Es bueno destacar que si bien la tortura y la violencia son explícitas, no llegan a atormentar al espectador ya que son de carácter auditivo más que visual y eso es un punto a favor que aleja a nivel creativo a Crónica de una fuga de otros insufribles bodrios que supimos conseguir.
Un notable déficit del film es la dirección de actores. Están quienes se destacan excelentemente en su papel, como Rodrigo de la Serna; quienes no pueden dejar de lado su personaje reconocido, como Pablo Echarri que representa a un policía torturador, pero cuyo bigote (único momento de la película en que me reí) no termina de ocultar una gestualidad de galán y quienes parecieran repetir las líneas del guión sin aportarle expresividad dramática, como muchos que ejercen papeles secundarios. En resumen una buena película de Caetano que en realidad no parece de Caetano.